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8.6.09


LA DAMA DE HIELO

A veces quiere ser tierna. Hay veces en las que imagina acciones y gestos que nunca se materializan. Ayer sin ir más lejos sintió ganas de abrazarte, pero no lo hizo, y el otro día no paraba de imaginarse que me daba un beso (A mí, que me quiere tanto) también pudo hacerlo, pero de ella nunca salen esos gestos. Por eso no le extraña que la llame toxo, no le extraña que él la llame sosa, no le extraña porque lo que pasa aquí es que no se siento a gusto con su cuerpo, se ha alejado de él unos cuantos kilómetros y lo observa desde arriba; a veces le da órdenes, pero no le obedece, hace mucho tiempo que no le obedece. Hemos tenido esta conversación muchas veces, tantas que no puedo contarlas, no sabe lo que le ocurre; yo puedo imaginármelo, pero en vez de decírselo, le contesto “Será que tienes algún chakra bloqueado” y la abrazo fuerte y le doy un beso, porque sé que echa mucho de menos el contacto con otros seres humanos.




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27.5.09

DIARIO DE UNA ENFERMA MENTAL

No es que me encontrase perdida, es que ya no tenía la capacidad de buscarme. La cara tensa, la piel tensa, y los ojos secos, deshidratados (de haberlo llorado todo) y el dolor en el pecho, que se mantenía constante, lacerante, punzante, sin mutar ni evolucionar, formaba parte de mí. Mi vida entera estaba guardada dentro de esa caja de antidepresivos que un día decidí dejar de tomar, porque me creía fuerte y con ganas de superarlo todo a mi manera. Yo estaba sentada a su lado, con la cabeza entre las piernas y el presentimiento de ir a cometer (de nuevo) la mayor gilipollez de mi vida (si es que podía empeorar algo la situación, claro) Aquellos días no fueron nada nuevo en mi historial, sabía que en menos de una semana todo volvería a ser como antes, pero me preguntaba si en otra ocasión mi manera de reaccionar sería diferente, y acabaría por dejarme arrastrar por la sensación. Lo peor de todo es sentir que nadie te comprende y asumir que no debes mostrarle esa parte de ti a nadie a no ser que quieras que salgan despavoridos en dirección contraria.


Siendo sinceros, yo también lo haría.
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21.5.09


El espacio que había en el centro de tus pupilas siempre me tentaba. Era un punto casi inapreciable, pero yo sabía que existía; por momentos aumentaba en tamaño y lo localizaba sin dificultades, clavaba mi mirada justo ahí, sí, justo ahí, y me olvidaba de todo lo que estaba a mi alrededor. Pero un día se abrió un precipicio, un vacío difícil de enfrentar en esa zona indefinida y yo perdí, de golpe, mis poderes sobre ti. Ya no recuerdo cuando fue la última vez que nos vimos, ni lo que sentía al estar anclada en ese lugar. Ahora soy una experta en encontrar el centro de mis pupilas, soy una experta en reconocer cada uno de mis huesos, en delinearlos. Ahora, cuando llego al orgasmo, clavo mi mirada en mis pupilas (Y no en las tuyas) y encandeno uno tras otro, y conozco de memoria mi cadencia de gemidos y mi cadencia de movimientos, sé a la perfección como se arquea mi cuerpo, como se tensa, como se marcan mis costillas al hacerlo y los huesos de la cadera al venir de vuelta y distingo a la perfección las tres tonalidades que toman mis pezones y como se abre mi sexo, tan progresivamente que no me doy cuenta y conozco la imagen de mi mano izquierda arañando mi costado o mis muslos y he visto como me muerdo los labios, hacia el final, y mi cara se torna indescifrable de puro básica. He memorizado hasta el más pequeño de los detalles, pero no sirve para nada, porque ya no te deseo a ti (No es que no quiera, es sólo que no sé)

*La foto es de Beatriz Solera Caballero y la encontré en una galería de 20minutos.
*Y el texto es cutre, lo sé, pero sentía la necesidad de actualizar.

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18.5.09

Esperas a que el pez se muerda la cola y se convierta en una rosquilla. Esperas, quizás, que yo regrese de la mano de alguna botella de limonchelo y nos emborrachemos juntas delante del televisor. Puede que imagines mis uñas clavadas en el sofá de cuero rojo, como si fueran de gata. Y mi sonrisa, inmortalizada en alguna foto de polaroid, sujeta con imanes en tu frigorífico. En tu cabeza mi cepillo de dientes estará colocado entre los tuyos (Que ya sé que no te gusta tirar los viejos) y mi póster de Blondie coronando tu/nuestra cama de 1’10. Dos cafés en tazas descascarilladas, un cigarro a medias y conversación a base de miradas. De vez en cuando sueñas conmigo barriendo el pasillo medio desnuda con la música a todo trapo puesta, o abriendo las cortinas de la sala obsesionada por llenarla de luz sin importarme que el vecino nos viese. Recordarás, supongo, a la perfección mi manera de pronunciar tu nombre, arrastrando las consonantes y titubeando al llegar al final, y mi manera de gemirlo, y la de gritarlo y la de vomitarlo con la mirada encendida cuando te olvidabas de darle de comer a la Janis del cascabel. Y mientras viajas entre recuerdos en blanco y negro, esperas que una noche suene el timbre y suba por las escaleras decidida, sin jadear, hasta el quinto, para encontrarme de nuevo con tu ático destartalado y contigo (Que tanto me echas de menos) Y esperas encontrarte un mensaje en el buzón de voz, o en la oficina de correos, o en el email. Incluso cuando tienes el día fantasioso encuentras un pósit dentro de tu libro favorito en la biblioteca central (O me encuentras a mí, que viene siendo lo mismo) Esperas que mi ropa negra regrese a tu armario, que mis discos vuelvan a tu estantería. Pero me llevé las maletas hace mucho tiempo, precisamente para que el pez no se mordiese la cola, para que mi ropa nunca fuese tu ropa, para que mi cepillo de dientes no se mimetizase con los tuyos, para que no matases a mi gata de hambre (Para que no me pusieses a mí el cascabel) Me marché sin dejar ningún pósit para que tus libros no se comiesen a mis discos, para no tener que compartir mi cigarro, para poder emborracharme cada noche con alguien diferente. Desaparecí porque no me gustaba como pronunciabas mi nombre, atando todas las letras entre ellas y añadiéndole siempre, como coletilla, el tuyo hasta convertirlo en un nosotras. Corté por lo sano el recorrido del pez, pero si algún día se muere Marino, no lo tires por el váter, por favor.


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Agardas que o peixe morda a cola e se transforme nunha rosquilla. Agardas, quizais, que eu retorne da man dunha botella de limoncello e nos emborrachemos xuntas diante do televisor. Pode que imaxines as miñas uñas cravándose no sofá de coiro vermello, coma se fosen as da gata. E o meu sorriso, inmortalizado nalgunha foto de polaroid, suxeita cos imáns do teu frigorífico. Na túa cabeza o meu cepillo de dentes estará posto entre os teus (Que xa sei que non che gusta tirar os vellos) e o meu póster de Blondie coroando a túa/nosa cama de 1’10. Dous cafés en tazas descascarilladas, un cigarro a medias e conversa a base de miradas. De cando en cando soñas comigo varrendo o corredor a medio espir coa música posta a todo trapo sen importarme que o veciño nos vese. Lembrarás á perfección, supoño, a miña maneira de pronunciar o teu nome, arrastrando as consoantes e tatexando ó chegar ao final, e a miña maneira de xemelo, e a de gritalo e a de vomitalo coa mirada acesa cando esquecías darlle de comer á Janis do axóuxere. E mentres viaxas entre recordos en branco e negro, agardas que unha noite soe o timbre e suba polas escaleiras decidida, sen alasar, ata o quinto, para atoparme de novo co teu ático desordenado e contigo (que tanto me botas en falta) E agardas atopar unha mensaxe no teu buzón de voz, ou na oficina de correos, ou no e-mail. Ata cando tes o día fantasioso, atopas un post-it no teu libro favorito na biblioteca central (Ou me atopas a min, que vén sendo o mesmo) Agardas que a miña roupa negra volva ao teu armario, que os meus discos volvan o teu andel. Pero me levei as maletas hai moito tempo, precisamente para que o peixe non mordese a cola, para que a miña roupa nunca fose a túa roupa, para que o meu cepillo de dentes non se mimetizase cos teus, para que non matases á miña gata de fame (Para que non me puxeses a min o axóuxere) Marchei sen deixar ningún post-it para que os teus libros non se comesen aos meus, para non ter que compartir o meu cigarro, para poder emborracharme cada noite con alguén diferente. Desaparecín porque non me gustaba o teu modo de pronunciar o meu nome, amarrando todas as letras entre elas e engadíndolle, coma sempre, o teu nome ata convertilo nun “nosoutras”. Curtei de raíz a viaxe ó peixe, mais se algún día Marino morre, non o tires polo váter, por favor.


Primer intento de pasar algo a gallego. Podría haber sido mejor, he de decir.

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9.5.09


Me da miedo cogerlo en brazos, parece que se va a romper, se ve tan pequeño, tan desvalido, parece que la cabeza se le va a descolgar del cuello y no quiero tener un hijo sin cabeza, así que prefiero no cogerlo y mirarlo mientras duerme en la cuna. Pero para mi sorpresa el bebé empieza a gatear, la gente que hay en la habitación no parece extrañarse, pero yo entro en pánico. Ellos me tranquilizan “No pasa nada” dicen “Es normal” yo decido hacerles caso, no puedo hacer otra cosa. De repente mi bebé empieza a crecer a doble velocidad. Yo me pongo a llorar, eso ya no es normal, no me importa lo que me digan las personas de la habitación, aunque siguen insistiendo en que me tranquilice. El niño aparenta ahora tener un año y cuatro meses. Yo no entiendo nada. O quizás lo entienda todo.

15.5.08

Helena entró en el edificio por la puerta de atrás. Todo tenía una atmósfera bastante tranquila y extrañamente le recordaba demasiado a su antiguo colegio. Subió la larga fila de escaleras que daban al pasillo de parvulario y empezó a escuchar risas infantiles en las antiguas aulas donde ella había jugado de pequeña. Tímidamente se asomó a una y vio a un grupo de niños con smoking y vestiditos de gala jugando con una pelota. En seguida se percataron de su presencia:

- ¡Hola! ¿Qué haces ahí parada? ¿Quieres jugar? -le preguntó una niña con un vestido de terciopelo rosa y unos zapatos de charol a juego horrorosos-. Puedes jugar si quieres.

- No, gracias. Sólo estaba dando un paseo.

- ¿Y no estás invitada a la boda? -Inquirió esta vez un niño con curiosidad-.

- ¿Qué boda? ¡No sabía que hubiese ninguna! -dijo Helena realmente extrañada-.

- Se casa Manolo, y yo sé que tú lo conoces ¿Cómo es entonces que no sabes de su boda? -la increpó un tercero-. Deberías de ir a saludarlo.

- Y tú... ¿Cómo sabes...? Bueno, es igual. Nos veremos en la boda.

Helena siguió su recorrido por el largo pasillo, abrió las puertas dobles del final y vio una extraña luz en la biblioteca. La puerta estaba entreabierta, así que se acercó para echar un vistazo.
Las estanterías de la derecha de la biblioteca que ella recordaba habían sido sustituidas por un altar enorme de madera noble sobre el que reposaban unos cirios encendidos.
Aunque a Helena todo aquello le parecía muy raro ,y cuando ella había entrado en el edificio todavía era de noche, por las ventanas entraba el sol a raudales iluminándolo todo.
En aquel lugar se respiraba una paz inmensa. Se sentó en una de las sillas a relajarse y respirar aquella nueva sensación. En cuanto cerró los ojos escuchó el suave pasar de las páginas de un libro hacia el fondo de la estancia. Con curiosidad se dirigió hacia allí y vio a Rosa (Su profesora de Filosofía de aquel año) leyendo de manera concentrada una gran biblia que estaba sobre un segundo altar.


Y esto lo he soñado yo hoy... ¡Dios mío!

22.4.08

De sueños, subconsciente, consciente y CONCIENCIA

Ayer soñé algo precioso. Soñé que iba a buscar a mi hija a la parte de maternidad de un hospital con mucha ansiedad por llegar a su lado. Sentada en una sala de espera, con ella en brazos decidí que se llamaría Elisa. Era la cosita más bonita del mundo. Y yo sentía una paz tremenda.

PD: Recordarme que si alguna vez tengo una hija le ponga Elisa.