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29.1.10


No reconozco mi mirada en el espejo
Tengo la cara deformada, los ojos inyectados en rabia
perra abandonada que abandona su cuerpo
dos luceros brillantes perdidos en el interior
En la cara dos tajos
Dos desgarros de cristal afilado, como una pirata
Un animal

A veces logro bailar, bailar, bailar
alejándome de las ruinas, pasillos escarchados
sobre los que me deslizo, deslizo, deslizo
inocente dulce
En los tajos dos piedras
Dos trozos rojos hablan en silencio, como las runas
Un animal

Y pienso que la furia se desatará
No es culpa mía, la he controlado mucho tiempo
He puesto cara de buena tantas veces
que se me ha quedado así. He dicho
tantas otras “Que no fui yo, créeme, créeme”
..y me creían. Y yo
me lo creía también.
He bajado la mirada hacia una polla una infinidad
de veces y me la he metido en la boca y me lo he tragado todo
como una puta
...y no me gustaba
tendrían que haberme pagado por cada mamada
y gemido. por cada gota derramada en mi boca. por cada cada cada una vez que me hirieron en el vientre (o más abajo) y más adentro porque yo follaba, follaba, follaba...
acercándome a las ruinas
y no quería
y no me gustaba
Me tendrían que haber pagado. Hubiese sido una puta cara. Y ellos no hubiesen pagado por mi boca o mi coño o mi culo y yo, inocente dulce, conservaría todo como una buena cristiana y sería una jodida estrella dorada como esos dos luceros que se perdieron en mi interior...
Y también he mentido, con esta boquita de mentirosa que tengo. A mis padres. A la gente que me quería. He cotilleado y luego he puesto mi mejor cara
me he creído una santa
Incluso con los tajos en la cara y
las piedras en los tajos
Y las pollas en mi boca junto
con las mentiras
y las sonrisas
y la estúpida
sensación
de ser
una
Santa

Y me lo creía... y bailaba y bailaba y bailaba... y no había mamadas, ni colchones, ni desgarros (ni “te quieros”)

QUE ME QUITASEN ESTA PUTA SONRISA DE NUNCA HE ROTO UN PLATO.

(Y he roto muchos)





*Me he flipado un poco... pero para eso está el blog, para fliparse.

14.10.09


Soy un castillo de dudas que se construye entre nubes de angustia, el viento que se levanta en el lugar donde pierdes el sueño. Y te pedí a ti que alejases las armas, las cuchillas con las que delineamos el pasado, las manecillas que por instinto se clavan aquí, en mi pecho, las flechas que se disparan solas, hacia el centro, las costuras que se enredan en mi piel de cobarde, cerrando mi sexo, practicándole la ablación al tiempo, al poco que me queda. Te pedí a ti, te pido a ti, cobarde de arena, cobarde entre los cobardes, que soluciones esto que me has hecho, que recojas esa puta cuchilla con la que me cortaste y apuñalaste el clítoris y el corazón para recortar ese miembro flácido que cuelga entre tus piernas y que flota dentro de tu cerebro. Y luego quiero que la tires, lejos. Que la entierres, más lejos aún. Y que te comas tu polla a mordiscos, que la mastiques y que te cueste tragarla, quiero que se atasque a medio camino en tu garganta y que no puedas soportar las arcadas y te abras a vómitos y te ahogues en ese estado. Y después, cobarde entre los cobardes, quiero que llames a tus amigos de miembros flácidos y que les obligues a retirar sus sexos de mi interior (porque todavía siguen aquí) y quiero, quiero que se los coman también, que los mastiquen eternamente. Quiero, cobarde de mierda, que vuelvas aquí, que te arrodilles delante de mí para que pueda patearte la cara y las costillas y los riñones hasta que me quede completamente a gusto para que tú jamás vuelvas a ser capaz de tocar a nadie, para que tú te sientas eternamente solo, para que tú, cuchilla de acero, no puedas soportar el tacto de otras manos sobre tu piel, para que tú sientas, no todo lo que yo sentí, si no todo lo que sentí después de que toda la arena cayese al suelo. No quiero que sientas tus actos, quiero que sientas las consecuencias de tus actos. Y quiero que las sufras. Y que las sufras más que yo.

10.9.09

Él toca el saxofón lejos, más allá de la esquina que es mi vena cava
La melodía es frenética, no descansa, no para ni cuando yo suspiro cada vez más débilmente, agotada por el esfuerzo que representa para mí no poder abrir las manos en un gesto protector. Un poco más lejos están ellas, etéreas, de mentira, tan plastificadas e idealizadas como una muñeca hinchable. Realmente no sé si quise quererlas a ellas o lo que pretendía era amarme un poco más a mí misma besando el mismo cuerpo que yo tengo. Y ahora no puedo abrir las manos, ni tomar otras, de nuevo pierdo la batalla que tanto tiempo me había costado superar, la de confiarme de nuevo a alguien (confiando al mismo tiempo en mí misma) La música sigue sonando, en clave de fa, cosa rara. Sopla y aporrea el instrumento una y otra vez, una y otra vez hasta que no consigo divisarlas porque mis sentidos han sido anulados, mi voz (la que tú me inventabas) mi piel (la que tú despertabas) mis lágrimas o mi risa o mi sonrisa (las que tú provocabas) están ahora inutilizadas, son pasto de fantasmas, alimento del pasado, recreación astuta de algo que nunca llegó a ser de verdad. Todo está borroso, difuminado, aislado en un trozo de mí que sigue camino de la muerte a pasos agigantados. A lo lejos, más lejos aún creo escuchar tu voz ¿En realidad me importa escucharla? Mi corazón ya no se acelera. También te has convertido en otra batalla perdida. Al saxofonista en cambio lo escucho a la perfección, está tocando dentro de mí, cada vez de manera más salvaje. Me gustaría poder decir también que es una batalla perdida, pero durante estos años no ha parado de sonar, mi cuerpo jamás ha cesado de emitir esa misma canción que me impulsó a la caída. El saxofonista tiene cuerpo de hombre, sexo de hombre, carácter de hombre... ¿Pero acaso lo es realmente? Una vez estuve muy enamorada del saxofonista, tenía unas manos preciosas, definidas, elásticas, me acariciaban a mí de la misma exacta forma en la que acariciaba a su instrumento por aquel entonces. Y me dedicó canciones cada vez más fúnebres durante un año entero. Después de aquella última canción que se repite seguido, me di cuenta de que tenía ese sexo que tanto odiaba, que sus manos, antes dulces eran ahora rudas, bruscas. Y su cara y sus gestos tan femeninos que pudieron con todas mis defensas eran sólo un disfraz que me engañó una y otra vez, una y otra vez hasta que no conseguí divisarlas porque mis sentidos habían sido anulados. Y todas y todos habéis sido la misma puta mentira. Menos él, que todavía sigue tocando su canción dentro de mí. Convirtiéndome en alguien cruel, mentirosa, además de egoísta hasta límites insospechados. Yo te quise Laura (Y te quiero), pero te quise de mentira, porque necesitaba luchar contra alguien, contra algo, contra mis fantasmas. Yo te eché de menos Laura (Y te echo de menos) pero porque necesitaba echarte de menos. Y te lloré, vaya si te lloré... pero con lágrimas de plástico, Laura, de cocodrilo. Por el saxofonista hubiese dado mi vida, y ahora no consigo deshacerme de él, sin él, sin su melodía... me hubiese muerto de amor, de amor... Y tú, Laura, como muchos otros, fuiste una batalla perdida, un intento desesperado de frenar esta música. Y como el resto de personas a las que quise, no tuviste éxito: el fantasma sigue aquí, él sigue aquí. Con sus manos de hombre, y su sexo de hombre y su olor de hombre y su voz de hombre, por más que me joda, Laura, por más que me joda.
.

12.6.09


THE MATRIX RELOADED

Lo volvió a ver. Bueno, no fue así exactamente, en realidad sólo se cruzaron, de frente, de refilón, tan sólo unos segundos, que se convirtieron de aquella tarde en adelante en los más largos de su vida. Estaba en la calle real, atravesándola con decisión, sacando pecho, como siempre, porque si no resulta imposible cruzarla con tanta gente. Aquello parecía un hormiguero y sin embargo vio tu cara, te vio a ti, tan delgado como siempre y con tu pelo, si cabe, más largo. Las personas desaparecieron. Ya no llevabas bigote, pensó que así te parecías mucho a tu padre. La miraste y entonces recordó a Keanu Reeves y como tantas otras veces había hecho recortó tu cara justo por la mitad de la nariz y lo vio a él en Matrix y como consecuencia dio un repaso a doble velocidad a aquella tarde de cama en la que os tragasteis todas las películas seguidas. Te colocaste el pelo detrás de las orejas, con ese gesto tan femenino que le gustaba tanto y desviaste la mirada hacia el escaparate de la derecha. Fuiste incapaz de mirarla a la cara más de un ínfimo instante. Cuando la dejaste tampoco podías mirarla a la cara. Y ese mes que pasasteis viviendo juntos cuando ya no quedaba más que odio hasta que ella pudo coger las maletas tampoco podías. No la saludabas ni cuando os cruzabais en el pasillo. Sentías vergüenza. Erais perfectos desconocidos. Ella no te reconocía. Tú no la reconocías. Ella no se reconocía al mirarse al espejo. Y tú no lo hacías porque te daba asco verte la cara, mirarte la polla y pensar en otra. Lloró mucho ese mes, hasta que se quedó sin lágrimas y también salió mucho, todo lo que no había salido ese puñetero año de contrato de alquiler que tuvisteis que aprovechar hasta el ultimísimo día. Dicen que el rencor cuando alguien te ha fallado no sirve para nada; pero ella, sin ese odio, no hubiese sido capaz de salir adelante.

28.3.09


HONESTIDAD

Está bien
Siempre cumplí con mi palabra
A ti te prometí que me quemaría
De amor por dentro
Y lo cumplí
A ti te aseguré que nos uniría
Siempre un hilo infinito
Y pasados los años
No ha cambiado
Pero
Está mal
No puedo negar que me he traicionado a mí misma
Al prepararte la cena
Al decirte que te quería
Al abrirme de piernas
Está mal
Al fin y al cabo no estaba siendo fiel a mí misma
Al fin y al cabo no cumplí con mi palabra.

8.3.09




Carne blanda y blanca, casi transparente, plagada de cicatrices,
Finos huesos de cristal taladrados una y otra vez por tornillos de niebla,
Un corazón de trapo bordado en azul colocado en el sitio incorrecto,
Canal incendiario y estrecho se ilumina, naranja, sólo con un roce,
Cortina larga y crujiente que cubre las clavículas,
Verdor moteado que sacude
Pero nadie me avisó que ser delicada tuviese riesgos:
Nadie me advirtió que en el reflejo de tus ojos sólo soy una barbie morena con los labios grandes y las tetas demasiado pequeñas.
Alguien olvidó decir que lo que te la ponía dura era mi fragilidad.

5.1.07


-
- ¿A qué sabe tu coño, Laura?.

- A gloria bendita. Ya sabes... a cielo dulce y lluvia de Mayo.

- Quiero que te tumbes en el suelo, te quites las bragas, te abras de piernas y me enseñes el coño.

- ¿Eso es lo que quieres?.

- Quiero que te masturbes mientras yo te miro.

- Eres un vicioso.

- Sí, y tú una viciosa. Te quiero follar.

- Vale... Fóllame. Pero métemela muy fuerte. Quiero que tu polla me derrita de placer.